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lunes, 1 de diciembre de 2008

El tren del horror

Si señores, el día llegó antes de lo esperado.

Yo inocente subí al vagón del tren, estaba repleto de niños. Me hicieron preguntarme cómo será esa generación, el grupo era la diversidad hecha estudianticos. Las profesoras trataban de controlar los alaridos, pero imposible, el murmullo era envolvente.

Con mi romántica mirada al futuro me encontré inmerso en mis pensamientos, cuando una manecita rosadita me interrumpió con un toquecito en la pierna derecha. Do you wanna have a sit? Era la vocecita y la manecita de un sujetico de unos 8 años... I'm fine, Thank you le respondí. Pero el bastardo de ojos azules y pelo rojo insistió, se levantó y me señaló el asiento... Yo ocupé el espacio y me pregunté... ¿Será que me veo enfermo?... no, ¿Será que me veo embarazado?... definitivamente no, ¿Será que me veo viejo?... Mi yo interno se hizo el pendejo cuando le hice esa pregunta.

Y así, con la educada concesión de un asiento en el tren, inició mi trayecto por la tercera edad a los 25. Que vaina, no alcancé a ahorrar para el botox y los implantes de pelo, no alcancé a escribir el libro y tener el hijo, y pues bueno, al menos me salté la crisis de los treinta, los cuarenta y los cincuenta.

Ya saben, alisten los homenajes a toda una vida y si necesitan un sabio consejo no duden en acudir a la experiencia... con confianza, que hoy fui elevado a la tercera edad con el gentil y educado gesto del más dulce muchachito... Que Dios bendiga a la criaturita.

Amén

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